La historia detrás de los Chifles de la Abuelita Lidia: tradición, familia y el chifle piurano que ya llegó a Europa, EE.UU. y Canadá

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Cuando pensamos en chifles, pensamos en sabor a casa. En identidad. En ese paquete que siempre llevamos en los viajes y que termina siendo la mejor forma de explicar de dónde venimos. Y si hay un nombre que forma parte de esa memoria colectiva es el Chifle de la Abuelita.

Ella es Lidia Vega, la fundadora del negocio, quien falleció en febrero del 2022 a los 97 años.

En Agenda Gastronómica conversamos con Patricia Olaechea, de 72 años, la hija mayor de la familia. Ella es quien continúa el legado de su madre, doña Lidia, la mujer que transformó un gesto familiar —hacer chifles para las reuniones de hacienda— en un negocio que hoy trasciende las fronteras peruanas.

De la cocina casera al legado familiar

El negocio nació de algo muy piurano: la cercanía. A doña Lidia le encantaba recibir gente, escuchar que la llamaran “abuelita” y compartir lo que sabía hacer mejor.
Desde la cocina de su casa, mientras criaba sola a sus tres hijas, comenzó a preparar chifles con la misma receta artesanal aprendida en la hacienda familiar, gracias a su padre. Esa mezcla de cariño, trabajo duro y sabor perfecto terminó convirtiéndose en una marca que se mantiene igual hasta hoy.

El secreto está en los detalles

El grosor exacto, la textura correcta, el punto de sal y el fritado lento. Doña Lidia podía probar un solo chifle y saber si algo estaba fuera de lugar. Su obsesión con el detalle quedó tatuada en el negocio: el proceso sigue siendo artesanal y ellos son parte de la selección de cada paquete.

El proceso sigue siendo artesanal. El plátano se pela a mano, se reposa en agua, se seca, se fríe en cocinas antiguas reparadas desde la época de la abuelita y luego se selecciona uno por uno. No entra cualquier chifle al empaque.

Los chifles de la abuelita Lidia son ampliamente conocidos y consumidos por los piuranos.

Un legado que sigue creciendo

Con el tiempo, sus hijas se sumaron al negocio y llevaron la marca a otra etapa. Patricia cuenta que fueron las nuevas generaciones –sus hijas y yernos– quienes empujaron el crecimiento, sobre todo en redes sociales y en la apertura de nuevas tiendas.

Hoy cuentan con locales en Piura, Chiclayo y otras ciudades. Pero eso no es lo más sorprendente. El Chifle de la Abuelita ya se encuentra en puntos de venta de Europa, ha ingresado a Estados Unidos y actualmente está entrando a Canadá.

Patricia admite que al inicio no quería innovar: “El chifle es chifle”, decía. Pero la demanda cambió. Hoy ofrecen tres sabores que se alinean a las preferencias del público joven: tradicional, dulce, picante, ceviche o leche de tigre, el favorito de los universitarios.

En Trujillo, por ejemplo, un solo cliente vende 400 paquetes semanales frente a universidades como UPAO y César Vallejo.

Además del chifle, la marca ha ampliado su oferta con productos igual de piuranos y artesanales: miel, algarrobina y bolitas de tamarindo, perfectas para acompañar postres o simplemente para darte un antojo dulce.

¿Qué viene para el negocio?

Actualmente, entre familia y trabajadores, ya son más de doce personas. Hubo momentos difíciles, pero decidieron mirar hacia adelante: “Hay que echarle tierrita al pasado y enfocarnos en el futuro”, dice Patricia.

Para Patricia, lo más importante es seguir creciendo, abrir más tiendas y consolidarse fuera del Perú. En Lima, Chiclayo, Trujillo y Tumbes ya tienen presencia, pero su ambición no para: quieren posicionar el chifle piurano tradicional en más mercados internacionales. Y lo están logrando.

“Los esperamos en nuestros locales con el mismo cariño de siempre; cada chifle es un recuerdo de mi madre y de nuestra tierra”, señala con una sonrisa en el rostro Patricia Olaechea.

Dónde encontrarlos en Piura

📍 José Olaya 204, Miraflores – Piura
El mismo lugar donde la historia comenzó.

📍Avenida Country A5 – Urb. Angamos (Frente al chifa Época).

🕒 9:00 a.m. – 9:30 p.m.

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